Hungría inició una nueva etapa política con la llegada de Péter Magyar como primer ministro, poniendo fin a los 16 años de gobierno de Viktor Orbán. El cambio despertó expectativas de renovación en parte de la sociedad, pero también preocupación entre numerosos cristianos evangélicos por el posible rumbo de las políticas familiares y culturales del país.
Magyar, ex integrante del partido Fidesz de Orbán y fundador del movimiento Tisza, asumió el gobierno con la promesa de combatir la corrupción y acercar nuevamente a Hungría a las instituciones europeas. Aunque mantiene posiciones conservadoras en varios temas, su perfil más alineado con Bruselas genera dudas en sectores religiosos.
Durante sus cuatro mandatos, Viktor Orbán impulsó políticas enfocadas en la defensa de la familia tradicional, el rechazo a la ideología de género y la protección de comunidades cristianas perseguidas en distintas partes del mundo. Sus seguidores lo consideraban un símbolo de resistencia frente a las políticas progresistas promovidas desde la Unión Europea.
Sin embargo, sus críticos lo acusaban de concentrar poder, limitar la independencia judicial y mantener una postura confrontativa con Bruselas en temas como inmigración, derechos LGBT y apoyo a Ucrania.
Ante el nuevo escenario político, líderes evangélicos húngaros reconocen que existen opiniones divididas dentro de las iglesias. Istvan Hórvath, presidente de la Alianza Evangélica de Hungría y miembro de la organización OM, explicó que algunos creyentes ven con esperanza el cambio de gobierno y consideran que podría beneficiar a la sociedad tras 16 años de una misma administración.
Otros sectores, en cambio, prefieren mantener distancia de la política partidaria y sostienen que la misión de la Iglesia debe continuar independientemente del gobierno de turno.
No obstante, también existe un importante grupo de cristianos que teme un retroceso en las políticas inspiradas en principios bíblicos. Según Hórvath, la preocupación principal radica en que el nuevo gobierno podría aceptar reformas impulsadas por la Comisión Europea y el Partido Popular Europeo, espacio político del que forma parte Tisza.
Entre los temas que generan mayor inquietud se encuentran posibles modificaciones a disposiciones constitucionales aprobadas durante la gestión de Orbán. Una de ellas define el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, mientras que otra establece que “la madre es una mujer y el padre es un hombre”.
Además, a finales de abril, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea falló contra la Ley de Protección de la Infancia aprobada en Hungría en 2021. La normativa limitaba contenidos vinculados a cuestiones LGBT y transgénero dirigidos a menores, y había sido defendida por el gobierno de Orbán como una medida de protección familiar.
La Unión Europea consideró que esa legislación vulneraba derechos fundamentales y discriminaba a personas LGBTQI, intensificando así las tensiones entre Budapest y Bruselas.
Muchos evangélicos creen ahora que la necesidad del nuevo gobierno de acceder a fondos europeos congelados podría derivar en concesiones políticas y cambios en leyes consideradas clave para la defensa de los valores cristianos tradicionales en Hungría.
El cambio de gobierno en Hungría abre incertidumbre entre evangélicos por posibles reformas familiares
La llegada de Péter Magyar al poder tras la derrota de Viktor Orbán genera preocupación en sectores evangélicos húngaros, que temen modificaciones en leyes vinculadas a la familia y los valores cristianos bajo presión de la Unión Europea.